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sábado, 26 de mayo de 2012

3.LA PRINCESA, EL PRINCIPE Y LA RANA



El príncipe Juan estaba muy feliz de nunca ser rey. Sentía una gran admiración por su hermano mayor y también un poco pena por la pesada carga que llevaría sobre sus hombros. Fuera de tener el destino del pueblo en sus manos se le exigía mucho en su comportamiento, en cambio él era mucho más libre y por lo tanto más feliz.



Juan también tenía un fuerte compromiso con el prójimo, así que siguió la vocación religiosa y El Señor lo premio con una esposa tan linda como buena, así con su esposa Consuelo decidieron partir a un lejano país difundir la fe y ayudar a la gente necesitada, donde no los conocieran y pudiera realizar su labor con libertas.  Sus padres, los reyes recibieron con una mezcla entre tristeza y alivio.



Su  nuevo hogar era hermoso, lleno de bellos colores y gente amable, todo mejoro aun mas cuando nació la bella Renata, una princesita de ojos azules y mirada picaresca, una niña sana y bella.

Tanto Juan como Consuelo cumplían muchas labores en la comunidad, el que Consuelo fuera enfermera ayudaba mucho y Juan además de evangelizar enseñaba a leer y escribir, y ayudaba a los aldeanos con los tramites. La bella Renata corría feliz con los niños del pueblo, de su educación se encargaban sus padres y recibía sus libros por un sistema de correspondencia.



Cuando Renata tenía 9 años se desato una epidemia muy fuerte en el pueblo, sus padres como medida de protección la enviaron unos días con unas ancianas y amables religiosas que tenían su casa de reposo a unos kilómetros de distancia, hasta que pasara la epidemia.  Eran unas señoras muy amables y cocinaban cosas muy ricas, lo único malo es que insistían en enseñarle a bordar y esas cosas. Tampoco podía correr a pie descalzo, pero no importaba solo serian unos días.

Fueron pocos días, pero por que la fatalidad toco la puerta de esta familia, Juan y Consuelo fueron presa de la peste y fallecieron en pocos días. Las religiosas se comunicaron con el único pariente vivo que le quedaba a la niña el rey.
El rey en este momento estaba con graves problemas pues su amada esposa acababa de fallecer al dar a luz, y ahí estaba con la pena y un chico recién nacido. Así que mando una delegación de eficientes funcionaron que recogieran a la niña y la llevarán al mejor colegio de señoritas, que ya estaba en edad para eso ya la visitaría él en cuanto pudiera, pues además de ser su pariente más cercano era su padrino.
Así Renata se encontró en un frio convento con unas religiosas muy  distintas a las que conocía, todo el día serias, siempre con reproches, que siéntate derecha, que así no se come, no eres digna de ser una princesa. Para la pequeña Renata, acostumbrada a recibir amor, fue como una pesadilla.
Nunca más recibió abrazos, solo podía llorar a escondidas, ya que las princesas parece tampoco lloran, es como si el color se fuera de su vida. Estaba sola, sus compañeras eran iguales a las religiosas, quizás llevaban mucho tiempo ahí.
Un día muy molesta porque una religiosa la tiraba fuertemente del brazo le dio una fuerte patada, ahí la encerraron en una fría y oscura celda durante 3 días sin comer, con una manta y un rosario para que pensara en su mal comportamiento, no sería el único castigo de su vida escolar.
El color había desaparecido de su vida, entre tanto color gris de las paredes, uniformes grises y hábitos negros. Quizás no solo el color, ella misma había desaparecido, a nadie le importaba si existía o no, ni a ella  misma.
Ya faltaba poco para obtener su libertad, a los 18 se tendría que ir, pero poco antes de eso llego un gran carruaje a buscarla, venían como cinco doncellas que sin ningún respeto o pudor la bañaron, de nada sirvieron sus protestas, le tironearon el pelo haciéndole un ridículo peinado, y le pusieron un corsé con el que apenas podía respirar. El rey necesita verla es lo único que le dijeron.
Llego a la precencia del viejo, ese culpable de todas sus desgracias, quien intento abrazarla, ella con gran esfuerzo logro quedarse quieta y no darle el empujón que hubiera querido.

“Querida sobrina – empezó el muy pomposo- como es de tu conocimiento la gran desgracia ocurrida en el reino – por un momento hizo un silencio y pareció quedarse pensando en algo, Renata no tenía idea pero tampoco le importaba así que siguió callada – Con la desaparición del príncipe heredero eres tú la que sigue en la línea de sucesión – ahí sí que Renata abrió inmensamente sus ojos.
“Yo soy muy viejo, se me ha concedido vivir más de lo oportuno y ahora sé porque, sé que no te he dedicado mucho tiempo, lo que ahora remediaremos, tienes que aprender rápidamente  ¿alguna consulta?
  • No
  •  Cuanto te dirijas a mi dirijas “no, su alteza” o “si, su alteza”
Renata respiro fuertemente “no, su alteza” los años con las religiosas le había enseñado  que a veces es mejor callar.
Así nuevamente las doncellas la trataron como si fuera una muñeca de trapo tironeándola, metiéndola en tinas llenas de rosas, refregándola, tirándole el pelo, torturándola con los corsés. Pero pronto ella aprendió que podía desquitarse con pequeños detalles,  decía que alguna estaba muy caliente, después muy fría, les hacia cambiarle los vestidos, encontraba todo sucio, esos eran los únicos pequeños gustos que se podía dar.

El resto eran aburridas charlas con el rey, que charlas monólogos, sobre lo que se esperaba de ella. A veces lograba arrancarse a los jardines que le recordaban a su madre, a veces también eso la enojaba y las pateaba, ¿Por qué tuvieron que abandonarla? ¿Por qué no se fueron cuando supieron de la peste? ¿Por qué no la dejaron con ellos y estarían todos juntos?.
Uno de esos días en que estaba especialmente triste paseaba por el jardín acariciando el anillo de diamantes había sido el anillo de compromiso de su madre, casi la única cosa física que le quedaba de ellos, sin saber cómo tropezó y el anillo voló de sus manos.
Desesperada se puso a buscarlo, pero no estaba por ningún lado
¿Qué buscas?

Mi anillo de diamantes – mirando alrededor no vio a nadie ¿Quién habla?
Yo- dijo un asqueroso sapo, detestaba los sapos
Quieres o no tu anillo?
Tráemelo - ordeno
Lo hare con una condición, que me tomaras entre tus manos y me llevaras a palacio y a tu dormitorio.
No lo hare
No habrá anillo
La princesa lo medito un rato y acepto
El sapo rápidamente encontró el anillo.
Y cuando la princesa se iba a marchar
El sapo le recordó el acuerdo a lo que ella respondió con una carcajada.
De un brinco el sapo de colgó de su vestido a los gritos de la princesa llego el rey que paseaba por ahí, pregunto que pasaba.
La princesa le conto lo que pasaba, y el rogaba que le sacara el asqueroso animal
El rey miro al sapo y sin saber porque recordó la hechicera,
- las promesas hay que cumplirlas o pueden pasar cosas terribles, prometiste y cumplirlas, -dijo con una voz que fuerte que la princesa no había escuchado, bastante asustada por el ceño fruncido de su padrino y con mucho asco tomo al sapo.


Al llegar a su dormitorio le dice aquí estas animal asqueroso y lo arrojo con fuerza al otro lado de la habitación azotándose fuertemente contra la pared, con tanta fuerza que cayo sentada en la cama, atónita vio en el suelo aun joven que parecía muerto y el espejo de la pared reflejaba una fea rana sobre la cama, muy asustada vio a su alrededor, todo estaba tan distinto, hasta que miro sus manos y comprendió que ¡ ella era la rana! .

De un saldo al tocador de otro a la ventana y ya estaba fuera del palacio ¡era libre!!!!, que importaba su aspecto, nadie le diría nada. Asi brincando feliz, cada vez mas lado, ¿hace tanto que no saltaba! Llego al estanque  y de un solo salto se sumergió en el agua, hasta podía nadar bajo el agua, la sensación era maravillosa, podía cantar tan fuerte como quisiera, saltar de hoja en hoja y parece era la mas linda del estanque ya muchos la miraban coquetamente.

A los pocos días escucho que el príncipe la llamaba, ella se escondo bajo una flor de loto, y cuando se iba salto cerca salpicándolo, y lo disfruto mucho manchando su blanco uniforme. Él se volvió pero no vio nada.



Un día el sapo mas valiente audaz, mejor cazador se acercó a ella con unas flores rogando su amor, la princesa lo pensó y decidió aceptar, era muy feliz como rana y no quería nunca mas ser una princesa mandada, apretada, triste y sola.
Sin embargo el príncipe, que su experiencia lo había cambiado mucho, estaba muy preocupado por la princesa, era el único en realidad, se sentía culpable de que ella quedara como rana por su culpa. Después de muchos esfuerzos encontró a la hechicera, que ya se le había pasado el enojo mas cuando su hija le conto que a los chicos escondidos detrás de los arbustos les mando un hechizo de granos en el trasero, de tanto reírse, en especial de que ellos no lo contaron a nadie se les paso el enojo. Así cuando el príncipe la encontró,  le conto sus experiencias, la hechicera lo miro a los ojos profundamente y vio un joven sincero que por fin se había puesto en contacto con la esencia bondadosa de su madre, decidido ayudarlo.

Así un día llegaron ambos frente al estanque, la hechicera respiro fuerte y dijo “princesa te convoco” tres veces lo tuvo que repetir, y la princesa aunque se resistía se para en una flor de loto en medio del estanque trataba de huir y no podía, ella no quería volver a ser princesa, era feliz siendo rana.  
Por favor, por favor señora hechicera no me haga volver a ser princesa, por favor- mas de su boca solo salía un croar- a la princesa rana lentamente le empezaron a caer las lagrimas, pensaba en su amado sapo, en sus amigas, por fin tenia amigas.
La hechicera levanto sus manos , miro fijamente a la rana, y de su mano de largos dedos del dual se desprendieron luces de colores dijo, larga vida y feliz vida princesa, que este lugar que de alegría y paz al espíritu.
Se volvió al príncipe y le dijo será tu obligación que por lo menos durante 100 años este será solo un lugar de pase, descanso y paz, quien lancé un piedra al estanque sus trasero de llenara de granos, dijo con una picara sonrisa, el protegerlo es tu tarea. Acá podrás encontraras paz cuando las tareas del reino te agobien, se dio vuelta y miro a la rana princesa, que bajo la cabeza  pensó que ese pobre príncipe, lo cargarían con todas esas obligaciones, no le tiraría mas agua.
-        ¿y la princesa? Dijo el agobiado príncipe
-        ¿confías en mí?
-        Si señora
-        Ella esta bien y feliz, no quiere ser encontrada.
-        ¿Cuidaras el estanque? - pregunto la hechicera.
-        Siempre – Dijo el príncipe con firmesa y mientras veía a la hechicera alejarse en su escoba supo que este estanque seria siempre su lugar especial.
Y Renata tuvo una larga vida, que le permitió tener tres esposos que la hicieron muy feliz, jugo salto y canto hasta el ultimo de sus días, siendo quizás la princesa mas feliz de la que nunca se supo.



sábado, 19 de mayo de 2012

2.LA PRINCESA Y EL SAPO



En medio de un charco del estanque del palacio se encontraba un desconcertado príncipe Valiente, solo recordaba estar riendo con sus amigos, un fuerte ruido y unas manos que lo trasladaban hasta acá. Seguro era una broma de sus amigos, desde ahora ex-amigos, EL es el príncipe heredero, no corresponde tomarse esas confianzas.

A su lado pasa saltando feliz una enorme rana que al brincar al agua lo salpica aun mas enfadado empieza a limpiarse, cuando … ¡no tenia manos! En lugar de ellos unas repugnantes cosas verdes, en vez de caminar brincaba, muy asustado se dirige al borde del estanque y horrorizado ve que este le devuelve la imagen de un sapo.

Desesperado trata de gritar, pero solo se escucha croa croa, escucha a sus amigos llamándolo… no sabia que hacer, los conoce si lo ven capaces son de apedrearlo. Muy asustado se esconce bajo unas ramas, el corazón late tan fuerte parece querer salir de se pecho, en su cabeza bullen muchas ideas, hechicera, doncella, respeto, padre, vergüenza… que le dirá a su padre. Pero si no puede decir nada, las ganas de llorar lo superan y por largo tiempo llora amargamente, dos días lloro sin comer y con mucho asco bebió el agua de los hojas, del estanque ni soñarlo.


Con el paso del tiempo fue asumiendo su realidad, llenándose de amargura  y auto compasión, se negó a comunicarse con las demás ranas, se sentía indigno, hasta de tratar con ellas, aun recordaba las veces que las apedreo, así vivía solitario pensando en como comunicarse con la hechicera, pronto aprendió a casar insectos, le parecían mas limpios, era lo único que se atrevía a ingerir.




Un día que estaba tomando sol, pensando en lo que había sido su vida sintió unas manos que lo tomaban, trato de huir pero antes de poder reaccionar estaba dentro de una rustica bolsa de lona, por su mente pasaron muchas cosas, recordaba las veces que comió ancas de rana, el estomago se le revolvió. Solo un pensamiento lo sereno dicen las ranas del estanque real no eran para comer, una vez le escucho decir a su padre que era una raza que cantaba muy bello pero que no eran muy buenas para comer.

Así llego a la humilde casa del jardinero del bosque, rápidamente la hijita de del hombre lo adopto como mascota, el príncipe siempre gustoso de aventuras decidido divertirse, la chiquita parecía simpática.



Pronto se entero de las penurias de la casa que su labor era cazar los bichos que causaban una alergia que podía ser mortal para la pequeña, cosa que hacia con gusto, su joven amiga era muy graciosa, siempre contaba historias, y jugaba con él, el tiempo paso casi sin darse cuenta, hasta que un día escucho una conversación.

Las cosas no son como antes quizás debamos marchar – dijo el jardinero

Pero siempre hemos vivido aquí respondió su mujer



Desde que el joven príncipe desapareció el rey a descuidado muchas cosas, el joven príncipe era irresponsable­­­, pero todos esperábamos que al madurar fuera como sus padres – por un momento suspiro.

Pero ahora el rey a traído a su sobrina como posible sucesora, una chica malvada, que a todos trata mal, a mi me ha insultado y pisoteado mis plantas – dijo el pobre hombre – las doncellas lloran todos los días, que será de nuestra hija con una reina así.

Quizás tengas razón dijo la mujer.

El sapo príncipe salió a mirar la luna y por primer vez entendió lo que significaba ser príncipe, cuantas familias habría iguales, cuantas chiquitas que como único juguete tenían un sapo.

No sabia como pero esto lo tenía que arreglar, salgo y salto, pero era tanta su persistencia que llego a palacio, a tiempo para ver a la princesa patera furiosa las rozas mas bellas plantadas por su madre.

Que haces – dijo el sapo – asombrándose a si mismo de poder hablar.

Busco mi anillo de diamantes. ¿Quién me habla con tanta confianza?.

Pus yo – dijo el sapo

Un asqueroso batracio dice arrugando la nariz.

¿Quieres o no tu anillo?

Tráemelo - ordeno

Lo hare con una condición, que me tomaras entre tus manos y me llevaras a palacio y a tu dormitorio.

No lo hare

No habrá anillo

La princesa lo medito un rato y acepto

El sapo rápidamente encontró el anillo.

Y cuando la princesa se iba a marchar

El sapo le recordó el acuerdo a lo que ella respondió con una carcajada.

De un brinco el sapo de colgó de su vestido a los gritos de la princesa llego el rey que paseaba por ahí,  pregunto que pasaba.

La princesa le conto lo que pasaba, y el rogaba que le sacara el asqueroso animal

El rey miro al sapo y sin saber porque recordó la hechicera,

-        las promesas hay que cumplirlas o pueden pasar cosas terribles, prometiste y cumpliras, -dijo con una voz que fuerte que la princesa no había escuchado, bastante asustada por el ceño fruncido de su padrino y con mucho asco tomo al sapo.

Al llegar a su dormitorio le dice aquí estas animal asqueroso y lo arrojo con fuerza al otro lado de la habitación azotándose fuertemente contra la pared. Cuando el príncipe recupero el conocimiento se dio cuenta que había recuperado su cuerpo. De la princesa no había rastro, la busco, la llamo y no aparecía. A los gritos llego la servidumbre que aumentaron los gritos de alegría y finalmente llego el rey que con un fuerte y emocionado abrazo recibió a su hijo.



Un príncipe mas maduro y consiente de sus responsabilidades, y que lo primero que pensaba hacer era ascender al mejor y más sabio jardinero del reino a asesor y comprar un bello juguete para su hermosa hija.

De la princesa caprichosa nunca mas se supo y nadie le importo

martes, 8 de mayo de 2012

1.EL PRINCIPE BURLON



Erase una vez un bello y juvenil príncipe que gustaba mucho de gastar bromas y burlase de  los demás, por su impórtate rango casi nadie se atrevía  a reclamar, su padre, el rey, un hombre justo y correcto se molestaba mucho, pero amaba a su hijo y era lo único que le quedaba de su amada esposa, quien murió al da a luz.

Así corrían felices los días de nuestro príncipe hasta que por una apuesta se le ocurrió enamorar a una hermosa y joven doncella quien al darse cuenta del engaño entro en un estado de gran angustia y una profunda melancolía.



 El príncipe sintió el pinchazo de la culpa, algo en su conciencia le molestaba. Pero pensó que la culpa era de ella, por creer tontas palabras, era obvio que no podía ser verdad, un príncipe no se fijaría en una plebeya, así iba un día silbando despreocupado hasta que al llegar a palacio fue informado que su padre lo esperaba en el salón, eso significaba reprimenda, no se preocupo mayormente ponía cara de arrepentido prometía no hacerlo nunca mas, y después pensaba en cualquier cosa mientras dejaba a su padre desahogarse, pero hoy su padre no estaba solo.



Al lado del rey que se veía entre molesto y.. ¿un poco asustado? Muy intrigado el príncipe se vuelve y al lado del padre, alta, erguida y mas imponente que nunca, estaba la Gran Hechicera del reino, no la había visto muchas veces ya que su mirada parecía traspasarlo, sólo una vez se detuvo  frente a él y le dijo “te falta la bondad de tu madre y gallardía y honor de tu padre, tendrías que pasar grandes pruebas para llegar a ser un digno rey”, de ahí no le presto mas atención y él la evitaba de ser posible, se rumoreaba de sus grandes poderes y de ser algo mal genio.



“Valiente”, dijo el padre, después de aclararse la garganta, “la gran hechicera (la voz le tembló levemente) dice que has engañando vilmente a su hija”, el padre lo miraba como suplicando lo desmintiera, en ese momento Valiente se percato de el parecido y sintió su cara enrojecer, el sudor  corría por la espalda, sentía en si la mirada suplicante del padre y la dura e inquisidora de la hechicera, suavemente ella se acerco a Valiente y empezó a dar vueltas en torno a él.

El rey quiso pararse pero ante una mirada de la hechicera se quedo en silencio, sabía lo que la furia de esa mujer podía hacer,  la vio destruir una torre con un solo movimiento el día que murió su mujer, que fue una gran amiga de la hechicera. Giro alrededor del príncipe tres veces a la derecha y tres a la izquierda,  se paro frente a él,  lo miro, a lo que le joven y asuntado príncipe volvió la cabeza.


“¡Mírame!” dijo con una voz suave y gélida, que parecía contener con  esfuerzo una gran furia, a todos los presentes les corrió un escalofrió que casi hizo tintinear los dientes, al príncipe no le quedo otra que fijar la mirada en esos ojos negros, por su mente pasaron todas las imagines de lo vivido con la chica, solo había robado un beso, mientras sus amigos miraban detrás de los arbustos, la chica de pronto se volvió y fue a los arbustos, ahora entendía como lo supo. La mujer respiro mas tranquila, su hija manejaba bien la oclumancia, no le había podido sacar lo que paso, aun muy molesta comenzó a pasearse por la habitación el príncipe fue a hablar para decir que la chica fue muy tonta, cuando la maga se volvió y lo miro furiosa, el rey con la mirada le suplicaba silencio. Esta mujer no solo era peligrosa sino además muy útil y querida por el pueblo, salvaba cosechas, hacia llover en sequia no mucho pero lo suficiente para ahorrar muertes, muchas veces hacia de curanderas, pero ahora se veía muy enojada.

Siguió paseando, deteniéndose  frente al retrato de la reina y la miro largo rato. El rey vio a la mujer más allá de la hechicera y observo una conversación de madre a madre, los ojos se le humedecieron en pensar en su amada reina, en su amor, su sabiduría, su ternura… tan absorto estaba en sus recuerdos que se sobresalto cuando escucho una voz  a su lado.

“Estimado rey, voz sabias lo mucho que ame a vuestra querida esposa, fue lo mas cercano a una hermana”, el rey comenzaba a respirar aliviado cuando escucho, “pero nada supera el amor de madre, lo que ha hecho este muchacho es imperdonable” ,  “pero..” dijo el rey,  “le ruego su alteza me permita terminar. Sin embargo debido al aprecio que usted me merece no lo convertiré en el bicho que este muchacho merece”.

El príncipe que parecía helado quiso sonreír, se había salvado otra vez, pero se quedo de piedra al escuchar, “no obstante mi hija y yo marcharemos de este reino ya que no nos sentiremos cómodas trabajando para un futuro rey que no merece para nada nuestro respeto”, el rey estaba muy pálido, el silencio se hacía muy pesado,  mirando al muchacho con tanta intensidad que parecía querer hipnotizarlo, “tu prometerás respetar a tus súbditos y nunca más hacer algo para burlarte ni humillarlos a propósito”, “claro claro” balbuceo Valiente.

“Su alteza podría tomar el juramento, por favor. Además claro esta juraras que el velaras por el bien tu pueblo”,

“no creo que sea necesario”, dice el rey, quien tenida dudas que su hijo cumpliera.

“Su alteza el marcharme es por la ofensa que siento como madre, esta promesa es por la ofensa a mi hija” y miro al rey quien entendió que su marcha era el castigo para él, por no poner rienda firme a su hijo, pero el muchacho aun no estaba libre.

El joven dudo solo un momento y juro sobre el libro sagrado.


“Muchacho” dijo la hechicera ya aparentemente satisfecha,” has jurado sobre el libro sagrado” , dio una vuelta sobre él y apoyando su mano de largas uñas rojas en  la cabeza  del príncipe donde un luz pareció atravesarlo. El rey contuvo el aliento y los guardias levantan sus armas.

“Muchacho”, repite, “si eres un hombre de palabra como tus padres no tendrás problema alguno, pero si no… tendrás que cantar muchas veces tus cancioncitas hasta que una chica te bese y te liberes”, con una sonrisa malévola, “esperemos que sea de un  lindo corazón … el tiempo va a depender de cuanto demores en limpiar el tuyo  y conozcas el arrepentimiento sincero. Recuerda estas palabras ya que algo me dice que las necesitaras”

“Hasta pronto su alteza le deseo las mejor de las suertes, larga vida la rey”, se inclina, extiende sus largas manos hacia él, quien las acoge, acongojado por la pérdida de tan importante apoyo y aun temeroso y avergonzado por su hijo, de pronto siente una descarga, un tibia luz que parece posarse en su corazón, la mira asombrado, asustado y un poco molesto.




Salud y larga vida al rey”, repite la hechicera, hace una reverencia y se evapora, dejando una estela de humo.

El rey entendió que la hechicera le había concedido una larga vida, él quería partir pronto con su amada esposa, pero parece que a su hijo le faltaba mucho por madurar.

Pasaron los días y un par de meses, Valiente creía saber cómo era que debía comportarse, pero no estaba muy seguro en algunas cosas, eso si nada de andar enamorando jovencitas, pero su padre vivía muy ocupado, el pueblo estaba muy enojado e inquieto con la partida de las hechiceras.


A lo lejos, en el lago vio a sus antiguos amigos, lo dudo, pero finalmente se acerco estaba aburrido

“¿Qué hacen?” dijo el príncipe

 “Molestamos a los sapos, mira les tiras una piedra y tiene que saltar al otro lado”. El príncipe dudo pero los sapos no son subiditos ¿verdad? Así que se unió a la diversión, al poco rato los chicos se aburrieron.

Se dirigieron al palacio a beber refrescos, no estaba el mozo habitual, lo reemplazaba su sobrino un chico muy tímido con la cara llena de granitos, del que pronto sus amigos empezaron a reírse, Valiente trataba de no reír por que recordaba levemente la promesa, sus amigos empezaron a pedirle de a uno los refrescos, una fruta, luego hielo,  para hacerlo ir y venir, una y otra vez, finalmente el príncipe sucumbió y saco su gran veta artística haciendo una perfecta imitación del muchacho aun con su leve cojeo, tomo la bandeja de las manos chico y empezó a servir imitando sus movimientos y su tono de voz, el pobre chico tenia la cara tan roja que no se veían sus granitos cuando de pronto se escucha un ruido metálico de la bandeja al caer al suelo .


El príncipe había desaparecido, mucho lo buscaron lo llamaban, gritaban, la único que había era una  extraña rana de ojos azules la que uno de los amigos de una patada la lanzo lejos, el joven mozo la recogió suavemente y la fue a dejar la lado del estanque.

Del príncipe no se supo mas hasta que ….

Paso por un zapatito roto y otro día te cuento otro