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martes, 8 de mayo de 2012

1.EL PRINCIPE BURLON



Erase una vez un bello y juvenil príncipe que gustaba mucho de gastar bromas y burlase de  los demás, por su impórtate rango casi nadie se atrevía  a reclamar, su padre, el rey, un hombre justo y correcto se molestaba mucho, pero amaba a su hijo y era lo único que le quedaba de su amada esposa, quien murió al da a luz.

Así corrían felices los días de nuestro príncipe hasta que por una apuesta se le ocurrió enamorar a una hermosa y joven doncella quien al darse cuenta del engaño entro en un estado de gran angustia y una profunda melancolía.



 El príncipe sintió el pinchazo de la culpa, algo en su conciencia le molestaba. Pero pensó que la culpa era de ella, por creer tontas palabras, era obvio que no podía ser verdad, un príncipe no se fijaría en una plebeya, así iba un día silbando despreocupado hasta que al llegar a palacio fue informado que su padre lo esperaba en el salón, eso significaba reprimenda, no se preocupo mayormente ponía cara de arrepentido prometía no hacerlo nunca mas, y después pensaba en cualquier cosa mientras dejaba a su padre desahogarse, pero hoy su padre no estaba solo.



Al lado del rey que se veía entre molesto y.. ¿un poco asustado? Muy intrigado el príncipe se vuelve y al lado del padre, alta, erguida y mas imponente que nunca, estaba la Gran Hechicera del reino, no la había visto muchas veces ya que su mirada parecía traspasarlo, sólo una vez se detuvo  frente a él y le dijo “te falta la bondad de tu madre y gallardía y honor de tu padre, tendrías que pasar grandes pruebas para llegar a ser un digno rey”, de ahí no le presto mas atención y él la evitaba de ser posible, se rumoreaba de sus grandes poderes y de ser algo mal genio.



“Valiente”, dijo el padre, después de aclararse la garganta, “la gran hechicera (la voz le tembló levemente) dice que has engañando vilmente a su hija”, el padre lo miraba como suplicando lo desmintiera, en ese momento Valiente se percato de el parecido y sintió su cara enrojecer, el sudor  corría por la espalda, sentía en si la mirada suplicante del padre y la dura e inquisidora de la hechicera, suavemente ella se acerco a Valiente y empezó a dar vueltas en torno a él.

El rey quiso pararse pero ante una mirada de la hechicera se quedo en silencio, sabía lo que la furia de esa mujer podía hacer,  la vio destruir una torre con un solo movimiento el día que murió su mujer, que fue una gran amiga de la hechicera. Giro alrededor del príncipe tres veces a la derecha y tres a la izquierda,  se paro frente a él,  lo miro, a lo que le joven y asuntado príncipe volvió la cabeza.


“¡Mírame!” dijo con una voz suave y gélida, que parecía contener con  esfuerzo una gran furia, a todos los presentes les corrió un escalofrió que casi hizo tintinear los dientes, al príncipe no le quedo otra que fijar la mirada en esos ojos negros, por su mente pasaron todas las imagines de lo vivido con la chica, solo había robado un beso, mientras sus amigos miraban detrás de los arbustos, la chica de pronto se volvió y fue a los arbustos, ahora entendía como lo supo. La mujer respiro mas tranquila, su hija manejaba bien la oclumancia, no le había podido sacar lo que paso, aun muy molesta comenzó a pasearse por la habitación el príncipe fue a hablar para decir que la chica fue muy tonta, cuando la maga se volvió y lo miro furiosa, el rey con la mirada le suplicaba silencio. Esta mujer no solo era peligrosa sino además muy útil y querida por el pueblo, salvaba cosechas, hacia llover en sequia no mucho pero lo suficiente para ahorrar muertes, muchas veces hacia de curanderas, pero ahora se veía muy enojada.

Siguió paseando, deteniéndose  frente al retrato de la reina y la miro largo rato. El rey vio a la mujer más allá de la hechicera y observo una conversación de madre a madre, los ojos se le humedecieron en pensar en su amada reina, en su amor, su sabiduría, su ternura… tan absorto estaba en sus recuerdos que se sobresalto cuando escucho una voz  a su lado.

“Estimado rey, voz sabias lo mucho que ame a vuestra querida esposa, fue lo mas cercano a una hermana”, el rey comenzaba a respirar aliviado cuando escucho, “pero nada supera el amor de madre, lo que ha hecho este muchacho es imperdonable” ,  “pero..” dijo el rey,  “le ruego su alteza me permita terminar. Sin embargo debido al aprecio que usted me merece no lo convertiré en el bicho que este muchacho merece”.

El príncipe que parecía helado quiso sonreír, se había salvado otra vez, pero se quedo de piedra al escuchar, “no obstante mi hija y yo marcharemos de este reino ya que no nos sentiremos cómodas trabajando para un futuro rey que no merece para nada nuestro respeto”, el rey estaba muy pálido, el silencio se hacía muy pesado,  mirando al muchacho con tanta intensidad que parecía querer hipnotizarlo, “tu prometerás respetar a tus súbditos y nunca más hacer algo para burlarte ni humillarlos a propósito”, “claro claro” balbuceo Valiente.

“Su alteza podría tomar el juramento, por favor. Además claro esta juraras que el velaras por el bien tu pueblo”,

“no creo que sea necesario”, dice el rey, quien tenida dudas que su hijo cumpliera.

“Su alteza el marcharme es por la ofensa que siento como madre, esta promesa es por la ofensa a mi hija” y miro al rey quien entendió que su marcha era el castigo para él, por no poner rienda firme a su hijo, pero el muchacho aun no estaba libre.

El joven dudo solo un momento y juro sobre el libro sagrado.


“Muchacho” dijo la hechicera ya aparentemente satisfecha,” has jurado sobre el libro sagrado” , dio una vuelta sobre él y apoyando su mano de largas uñas rojas en  la cabeza  del príncipe donde un luz pareció atravesarlo. El rey contuvo el aliento y los guardias levantan sus armas.

“Muchacho”, repite, “si eres un hombre de palabra como tus padres no tendrás problema alguno, pero si no… tendrás que cantar muchas veces tus cancioncitas hasta que una chica te bese y te liberes”, con una sonrisa malévola, “esperemos que sea de un  lindo corazón … el tiempo va a depender de cuanto demores en limpiar el tuyo  y conozcas el arrepentimiento sincero. Recuerda estas palabras ya que algo me dice que las necesitaras”

“Hasta pronto su alteza le deseo las mejor de las suertes, larga vida la rey”, se inclina, extiende sus largas manos hacia él, quien las acoge, acongojado por la pérdida de tan importante apoyo y aun temeroso y avergonzado por su hijo, de pronto siente una descarga, un tibia luz que parece posarse en su corazón, la mira asombrado, asustado y un poco molesto.




Salud y larga vida al rey”, repite la hechicera, hace una reverencia y se evapora, dejando una estela de humo.

El rey entendió que la hechicera le había concedido una larga vida, él quería partir pronto con su amada esposa, pero parece que a su hijo le faltaba mucho por madurar.

Pasaron los días y un par de meses, Valiente creía saber cómo era que debía comportarse, pero no estaba muy seguro en algunas cosas, eso si nada de andar enamorando jovencitas, pero su padre vivía muy ocupado, el pueblo estaba muy enojado e inquieto con la partida de las hechiceras.


A lo lejos, en el lago vio a sus antiguos amigos, lo dudo, pero finalmente se acerco estaba aburrido

“¿Qué hacen?” dijo el príncipe

 “Molestamos a los sapos, mira les tiras una piedra y tiene que saltar al otro lado”. El príncipe dudo pero los sapos no son subiditos ¿verdad? Así que se unió a la diversión, al poco rato los chicos se aburrieron.

Se dirigieron al palacio a beber refrescos, no estaba el mozo habitual, lo reemplazaba su sobrino un chico muy tímido con la cara llena de granitos, del que pronto sus amigos empezaron a reírse, Valiente trataba de no reír por que recordaba levemente la promesa, sus amigos empezaron a pedirle de a uno los refrescos, una fruta, luego hielo,  para hacerlo ir y venir, una y otra vez, finalmente el príncipe sucumbió y saco su gran veta artística haciendo una perfecta imitación del muchacho aun con su leve cojeo, tomo la bandeja de las manos chico y empezó a servir imitando sus movimientos y su tono de voz, el pobre chico tenia la cara tan roja que no se veían sus granitos cuando de pronto se escucha un ruido metálico de la bandeja al caer al suelo .


El príncipe había desaparecido, mucho lo buscaron lo llamaban, gritaban, la único que había era una  extraña rana de ojos azules la que uno de los amigos de una patada la lanzo lejos, el joven mozo la recogió suavemente y la fue a dejar la lado del estanque.

Del príncipe no se supo mas hasta que ….

Paso por un zapatito roto y otro día te cuento otro

2 comentarios:

  1. Eiiii no me dejes asi... los cuentos siempre tiene un final... jooo.
    Le esta bien empleado ojala eso que le paso le pudiera pasar a mas de uno. Sin respeto a los demas no se puede ir por la vida.
    Un bessito

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  2. Ya va, Ya va, esta es la primera parte de unos cuentos basados en "el rey sapo" ¿a que no sabias como el principe llego a sapo?

    Besitos

    Hechi

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